• Sandra Rossi en una presentación

Un disfraz “encuentado”

Cuando era pequeña me encantaba leer cuentos y disfrazarme.

Para hacer mis disfraces revolvía toda la casa. Buscaba en los armarios, en los cajones, en la cocina y hasta en el lavabo y solía encontrar cosas maravillosas: con una camisa y un rotulador me transformaba en cebra y con unas esponjas, en princesa japonesa. Pero a veces cogía cosas que las personas grandes no querían que cogiera y se enfadaban un poco... Pero la sonrisa les volvía a los labios cuando yo les decía que, con aquel disfraz que me había hecho, les contaría un cuento.